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Posts Tagged ‘Poesia’

Para que não se esqueça, aqui se descrevem os últimos dias da vida de Victor Jara antes da sua execução, no dia 15 de Setembro de 1973, no estádio que agora tem o seu nome. Optei por não traduzir o texto de Boris Navia que testemunhou ao vivo os acontecimentos. A descrição é impressionante. Pelo menos a mim, mesmo já conhecendo os factos,  vieram-me as lágrimas…

Las últimas horas de Víctor Jara

por Boris Navia

Abogado, presidente del Club de Amigos de Radio Nuevo Mundo, Boris Navia es uno de los centenares de chilenos que estuvo en el Estadio Chile, hoy Víctor Jara, los primeros días que siguieron al golpe. En esa calidad, entrega su valioso e inédito testimonio de las últimas horas vividas por el gran cantor revolucionario.                              

¡A ese hijo de puta me lo traen para acá!”, gritó el oficial apuntando con su dedo a Víctor Jara, quien junto a unos 600 profesores y estudiantes de la UTE ingresábamos con las manos en la nuca y a punta de bayoneta al Estadio Chile la tarde del miércoles 12 de septiembre de 1973. El día antes, Víctor debía cantar en el acto que se realizaría en la UTE, donde el Presidente Allendeanunciaría el llamado a plebiscito al pueblo de Chile.

¡A ese hijo de puta me lo traen para acá!”, repitió iracundo el oficial. El casco hasta los ojos, rostro pintado, metralleta al hombro, granada al pecho, pistola al cinto y balanceando su cuerpo tensado y prepotente sobre sus botas negras.

¡A ese huevón!… ¡a ése!”. El milico lo empuja, sacándolo de la fila.

¡No me lo traten como señorita, carajo!”. Ante la orden, el soldado levanta el fusil y le da un feroz culatazo en la espalda de Víctor, que cae de bruces casi a los pies del oficial.

¡Ch’e tu madre! Vos soy el Víctor Jara, huevón. El cantor marxista, el cantor de pura mierda!”.

Y su bota se descarga furibunda una, dos, tres, diez veces en el cuerpo, en el rostro de Víctor, quien trata de protegerse la cara con las manos; ese rostro que cada vez que lo levanta esboza una sonrisa, que nunca lo abandonó hasta su muerte.

Yo te enseñaré, hijo de puta, a cantar canciones chilenas, no comunistas!” El golpe de la bota sobre un cuerpo indefenso no se olvida jamás… El oficial sigue implacable su castigo, enceguecido de odio, lo increpa y patea. La bota maldita se incrusta en la carne del cantor. Nosotros, apuntados por los fusiles contemplamos con horror la tortura de nuestro querido trovador y pese a la orden de avanzar nos quedamos transidos frente al horror.

Víctor yace en el suelo. Y no se queja. Ni pide clemencia. Sólo mira con su rostro campesino al torturador fascista. Este se desespera. Y de improviso desenfunda la pistola y pensamos con pavor que disparará sobre Víctor. Pero, ahora le golpea con el cañón del arma, una y otra vez. Grita e increpa. Es histeria fascista. Y, entonces, la sangre de Víctor comienza a empaparle su pelo, a cubrirle su frente, sus ojos… Y la expresión de su rostro ensangrentado se nos quedó grabada para siempre en nuestras retinas…

El oficial se cansa del castigo y se detiene, mira a su alrededor y advierte los cientos de ojos testigos que lo observan con asombro y con ira. Se descompone y grita.

¿Qué pasa, huevones! ¡Que avancen estas mierdas! Y a este huevón -se dirige a un soldado- me lo pones en ese pasillo y al menor movimiento lo matas, ¡lo matas, entendiste, carajo!”.

El Estadio Chile se iba llenando rápidamente con prisioneros políticos. Primero 2.000, luego serían más de 5.000. Trabajadores heridos, ensangrentados, descalzos, con su ropa hecha jirones, bestialmente golpeados y humillados. El golpe fascista tuvo allí, como en todas partes, una bestialidad jamás vista. Las voces de los oficiales azuzando a los soldados a golpear, a patear, a humillar esta “escoria humana” a la “cloaca marxista”, como lo espetan. Hasta hoy día la gente nos pregunta si los miles de prisioneros del Estadio presenciaron estas torturas a Víctor y la respuesta es que sólo unos pocos, sus compañeros de la UTE y los más cercanos, ya que el destino y la vida de cada uno estaba en juego y, además, el Estadio Chile era un multiescenario del horror, de la bestialidad más despiadada. Allí arriba un oficial le cortaba la oreja con un corvo a un estudiante peruano, acusándolo por su piel morena de ser cubano. Un niño de 14 años enloquecía y el soldado le descargaba su arma. De pronto un soldado tropieza en las graderías con el pie de un obrero viejo y “El Príncipe”, que así se hacía llamar el oficial a cargo, desde lo alto de los reflectores que nos enceguecían le ordena que lo golpee y el soldado toma el fusil por su cañón y quiebra su culata en la cabeza del trabajador que se desangra hasta morir.

Víctor, herido, ensangrentado, permanece bajo custodia en uno de los pasillos del Estadio Chile. Sentado en el suelo de cemento con prohibición de moverse. Allí, en ese mismo Estadio que lo aclamó en una noche del año 69 cuando gana el Primer Festival de la Nueva Canción Chilena, con su “Plegaria de un Labrador”.

Allí es obligado a permanecer la noche del miércoles 12 y parte del jueves 13, sin ingerir alimento alguno, ni siquiera agua. Tiene varias costillas rotas, uno de sus ojos casi reventado, su cabeza y rostro ensangrentados y hematomas en todo su cuerpo. Y estando allí, es exhibido como trofeo por el Príncipe ante las delegaciones de oficiales de otras ramas castrenses, y cada uno de ellos hace escarnio del cantor.

La tarde del jueves se produce un revuelo en el Estadio. Llegan buses de la Población La Legua. Se habla de enfrentamiento. Y bajan de los buses muchos presos, heridos y también muchos muertos. A raíz de este revuelo, se olvidan un poco de Víctor. Los soldados fueron requeridos a la entrada del Estadio.

Entonces, aprovechamos de arrastrar a Víctor hasta las graderías. Le damos agua. Le limpiamos el rostro. Eludiendo la vigilancia de los reflectores y las “punto 50”, nos damos a la tarea de cambiar un poco el aspecto de Víctor. Queremos disfrazar su estampa conocida. Que pase a ser uno más entre los miles. Un viejo carpintero de la UTE le regala su chaquetón azul para cubrir su camisa campesina. Con un cortauñas le cortamos un poco su pelo ensortijado. Y cuando nos ordenan confeccionar listas de los presos para el traslado al Estadio Nacional, también disfrazamos su nombre y le inscribimos con su nombre completo: Víctor Lidio Jara Martínez. Pensábamos, con angustia, que si llegábamos con Víctor al Nacional, y escapábamos de la bestialidad fascista del Chile, podríamos, tal vez, salvar su vida.

Un estudiante nuestro ubica a un soldado conocido, le pide algo de alimento para Víctor. El soldado se excusa, dice que no tiene, pero más tarde aparece con un huevo crudo, lo único que pudo conseguir y Víctor toma el huevo y lo perfora con un fósforo en los dos extremos y comienza a chuparlo y nos dice, recuperando un tanto su risa y su alegría, “en mi tierra de Lonquén, así comíamos los huevos”. Y duerme con nosotros la noche del jueves, entre el calor de sus compañeros de infortunio y, entonces, le preguntamos qué haría él, un cantor popular, un artista comprometido, un militante revolucionario, ahora en dictadura, y su rostro se ensombrece previendo quizás la muerte. Hace recuerdos de su compañera, Joan, de Amanda y Manuela, sus hijas, y del Presidente Allende, muerto en La Moneda; de su amado pueblo, de su partido y de sus compañeros artistas. Su humanidad se desborda aquella noche de septiembre.

    El viernes 14 estamos listos para partir al Nacional. Los fascistas parecen olvidarse de Víctor. Nos hacen formar para subir a unos buses, manos en alto y saltando. En el último minuto, una balacera nos vuelve a las graderías.

Y llegamos al fatídico sábado 15 de septiembre de 1973. Cerca del mediodía tenemos noticias de que saldrán en libertad algunos compañeros. Frenéticos, empezamos a escribirles a nuestras esposas, a nuestras madres, diciéndoles solamente que estábamos vivos. Víctor sentado entre nosotros me pide lápiz y papel. Yo le alcanzo mi libreta, cuyas tapas aún conservo. Y Víctor comienza a escribir, pensamos en una carta a Joan su compañera. Y escribe, escribe, con el apremio del presentimiento. De improviso, dos soldados lo toman y lo arrastran violentamente hasta una de las casetas de transmisión y por ello lo seguimos viendo. El oficial llamado el Príncipe tenía visitas, oficiales de Marina. Y desde lejos vemos cómo uno de ellos comienza a insultar a Víctor, le grita histérico y le da golpes de puño. La tranquilidad que emana de los ojos de Víctor descompone a sus cancerberos. Los soldados reciben orden de golpearlo y comienzan con furia a descargar las culatas de sus fusiles en el cuerpo de Víctor. Dos veces alcanza a levantarse Víctor, herido, ensangrentado. Luego, no vuelve a levantarse. Es la última vez que vemos con vida a nuestro querido trovador. Sus ojos se posan por última vez sobre todo aquel pueblo mancillado.

Aquella tarde, nos trasladan al Estadio Nacional y al salir al foyer del Estadio Chile vemos un espectáculo dantesco. Cincuenta cuerpos sin vida están botados allí y entre ellos, junto a Litré Quiroga, Director de Prisiones del Gobierno Popular, también asesinado, el cuerpo inerte perforado a balazos de nuestro querido Víctor Jara. La brutalidad fascista había concluido su criminal faena. Era la tarde el sábado 15 de septiembre. Al día siguiente su cuerpo sería arrojado cerca del Cementerio Metropolitano.

Aquella noche, entre golpes y culatazos, ingresamos al Estadio Nacional. Y nuestras lágrimas de hombres quedaron en reguero, recordando tu canto, amado Víctor, Víctor del Pueblo.

Esa misma noche y al buscar una hoja para escribir, me encontré en mi libreta, no con una carta, sino con los últimos versos de Víctor, que escribió unas horas antes de morir y que él mismo tituló “Estadio Chile”. Inmediatamente acordamos guardar este poema. Un zapatero abrió la suela de mi zapato y allí escondió las dos hojas del poema; antes yo hice dos copias de él, y junto al ex senador Ernesto Araneda, también preso, se las entregamos a un estudiante y a un médico que salían en libertad.

Sin embargo, el joven es revisado en la puerta de salida y le descubren los versos de Víctor y bajo tortura obtienen el origen del poema, llegan a mí y me llevan al velódromo, transformado en recinto de interrogatorios.

Me entregan a la FACH y, tan pronto me arrojan a la pieza de tortura, el oficial me ordena sacarme el zapato donde oculto los versos. “¡Ese zapato cabrón!”, grita. Su brutalidad se me viene encima. Golpea el zapato hasta hacer salir las hojas escritas. Mi suerte estaba echada. Y comienzan las torturas destinadas a saber si existían más copias del poema.

¿Por qué a los fascistas les interesaba tanto el poema? Porque a cinco días del golpe en Chile, el mundo entero, estremecido, alzaba la voz levantando las figuras de Salvador Allende y Víctor Jara y, en consecuencia, sus versos de denuncia había que sepultarlos.

Entonces, se trataba de aguantar el dolor de la tortura. Yo sabía que cada minuto que soportara las flagelaciones, era el tiempo necesario para que el poema de Víctor atravesara las barreras del fascismo. Y, con orgullo, debo decir que los torturadores no lograron lo que querían. Una de las copias atravesó las alambradas y voló a la libertad y aquí están los versos de Víctor de su último poema:

(sublinhados meus)

“Estadio Chile”

“Somos diez mil manos menos
Que no producen.
¿Cuántos somos en toda la Patria?
La sangre del compañero Presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas.
Así golpeará nuestro puño nuevamente.
Canto, qué mal me sales
cuando tengo que cantar espanto.
Espanto como el que vivo
como el que muero, espanto”.

In La Ventana – Portal Informativo da Casa das Américas

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António Vilarigues

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Vivemos dias bravios e de bravura

Junho, mês de saudade, reflexão e luta. Mês de orgulho pelos homens que nos deixaram em Junho de 2005 legando-nos saber, integridade e esperança.

Vasco Gonçalves (3/5/1922-11/6/2005)
Álvaro Cunhal (10/11/1913-13/6/2005)
Eugénio de Andrade (19/1/1923-13/6/2005)

Álvaro Cunhal

[Desenho de Álvaro Siza Vieira]

DIZEM ALGUNS…

Dizem
alguns que tu
foste uma lenda arrancada
das páginas da história. Que a tua
palavra ardia
como uma tocha, às vezes
como uma lança cravada
na carne da ignomínia.
                                              Eu diria
apenas que foste
a encarnação dum sonho, o rosto
humano da utopia.

Albano Martins

O centenário do nascimento de Álvaro Cunhal está sendo comemorado em todo o país. E são tantas e sentidas as manifestações de apreço pelo que representa para todos nós que, mais do que um belo poema, damos-lhe a notícia de que continuamos a lutar com entusiasmo e confiança. Sabemos que é a melhor homenagem que lhe podemos prestar.

a Vasco Gonçalves

Nesses dias era sílaba a sílaba que chegavas.
Quem conheça o sul e a sua transparência
também sabe que no verão pelas veredas
da cal a crispação da sombra caminha devagar.
De tanta palavra que disseste algumas
se perdiam, outras duram ainda, são lume
breve arado ceia de pobre roupa remendada.
Habitavas a terra, o comum da terra, e a paixão
era morada e instrumento de alegria.
Esse eras tu: inclinação da água. Na margem
vento areias lábios, tudo ardia.

Eugénio de Andrade

O Comum da Terra

Recordar a sensibilidade de Eugénio de Andrade, reconhecendo a honestidade e o patriotismo de Vasco Gonçalves, amplia a sua dimensão de homem e de poeta.

«De tanta palavra que disseste algumas
se perdiam, outras duram ainda, são lume
breve arado ceia de pobre roupa remendada

Relendo Eugénio de Andrade saímos de sensibilidade reforçada para melhor apreciar Vasco Gonçalves, intelectual brilhante, lutador abnegado e de apego sem limites ao nosso povo.

Cid Simões

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“Congresso Democrático das Alternativas”
“Resgatar Portugal para um futuro decente”
“Envolver a Sociedade Civil”
5 de Outubro de 2012

São, na generalidade, pessoas bem instaladas na vida, com elevados graus académicos e investigadores de méritos reconhecidos. Alguns são denodados estudiosos dos movimentos da classe trabalhadora com o interesse e a curiosidade do biólogo debruçado sobre os instrumentos de trabalho e que, análise feita, publicita em revistas da especialidade os resultados do seu labor. Podem aparecer como observadores nas manifestações de protesto, tomando notas sobre o comportamento da plebe insatisfeita, sem nunca levantar a voz e muito menos o punho. De discurso fluente, olham com displicência os que com dificuldade expõem os seus anseios e propósitos. Já ouviram falar da fome e concluíram, após aprofundada investigação não experimental, que deve ser difícil de suportar e supõem que viver com o salário mínimo não será fácil. Como sempre acontece, há as exceções que dão ainda mais visibilidade à regra.

De trajetória partidária instável, vão procurando com mais ou menos visibilidade o seu nicho de classe. E, falsos modestos, procuram dissimular a atração pelas luzes da ribalta que lhes iluminam o protagonismo e nutrem o ego. Se os mídia, nomeadamente a televisão, por distração os ignora, o que raramente acontece, sentem-se descriminados e insurgem-se com vigor.

desemprego alastra e a miséria e outras ameaças daí decorrentes começam a galgar as ameias dos seus castelos de conforto que supunham invioláveis. Por mais bizarro que nos possa parecer, muitos dos signatários de um tal “programa”, recentemente divulgado, têm participado no crime social contra o qual, supostamente, e só agora se insurgem, e outros há que assistiram a todas as maquinações a que temos estado sujeitos sem expressarem a mínima perturbação.

Os protagonistas promotores destas manifestações cíclicas encontram-se emparedados entre os grandes senhores que, desde sempre, vêm servindo, mas que já não lhes oferecem total confiança, e aqueles que denominam por desprotegidos e que cada vez mais engrossam a revolta, que se revoltem, pois, é natural que assim seja e até lhes pode servir, mas que nunca o façam de modo organizado seria relegá-los para um humilhante plano secundário, e, lá do alto dos seus profundos conhecimentos, na maioria são professores universitários, têm dificuldade em admitir que os trabalhadores se consigam emancipar sem que por eles sejam conduzidos.

Nos meses de verão desarticulam-se as movimentações de protesto mas continua a levedar a indignação, e aproveitando este afrouxar, o patronato e os governadores do protectorado em que vivemos, dão mais umas voltas no garrote dos que já mal podem respirar. Setembro é o mês das famílias fazerem o balanço dos “deve e haver” e, cercadas no lamaçal para onde as arrastaram, procuram libertar-se.

É certo que, na sua quase totalidade, os signatários do programa, uma espécie de apanha-moscas nas antigas mercearias de bairro, não sabem o que seja uma greve e nem calculam o esforço necessário para a organizar ou os riscos que correm aqueles que nela participam. No entanto, estas vibrações são sentidas nos meios intelectuais atentos ao pulsar social, e no ambíguo e amplo leque ideológico e sensibilidades díspares, soa o toque a reunir e, despertos, cada qual à sua maneira, respondem à chamada. Mas ao surgir o toque de avançar ninguém sabe para onde nem como acionar os seus ímpetos e, mais uma vez, regressam a penates sem nem sequer se sentirem frustrados, porque habituados estão às suas inconsequências. Quantas siglas já se evaporaram neste curto espaço histórico?

O “projecto para envolver a sociedade civil”, repleto de doutos lugares-comuns, é um “programa” raso, que nos mostra a intensidade das preocupações expostas e as expetativas vazias de conteúdo. “Resgatar Portugal para um futuro decente“… mais que um programa é um suspiro.

Desde que me conheço nestas lides, que observo as andanças de gente cansada de se preocupar com os males que desde sempre nos afligiram. Apresentam os seus manifestos radicais ou insípidos em função da conjuntura, e partem de férias, porque isto de lutar contra o fascismo ou o neo-fascismo é entretenimento que dá gozo discutir numa sombra acolhedora com um branco seco geladinho e uns percebes e regressar ao “combate” ainda bronzeados e com um cheirinho a maresia.

Isto de fazer parte e ter uma sólida base de apoio numa classe habituada a enfrentar dificuldades e a ser estigmatizada não é tarefa fácil.

Quando destruíram a reforma agrária e de seguida todo o nosso tecido industrial, os operários industriais e agrícolas e as suas organizações lutaram sós até ao último fôlego.

Hoje são os professores, bancários, médicos, advogados que vêem os seus postos de trabalho em risco ou não encontram futuro para os seus filhos.

O já badalado “Congresso” está anunciado para Outubro, mês de grandes explosões sociais, momento ideal para se discutir como “Resgatar Portugal para um futuro decente” e, mais uma vez, ficar por aí.

Curiosamente, poucos dias antes do anunciado “Congresso”, o Arnaldo Matos voltou à ribalta.

É curioso!…

NÃO SE DEVE…

Não se deve deixar os intelectuais brincar com os fósforos
Porque, meus senhores, quando o deixam sozinho
O mundo mental meus senhores
Não é nada brilhante
E mal se apanha sozinho
Age arbitrariamente
Erigindo a si próprio
Alegada e generosamente em honra dos trabalhadores da
construção civil
Um auto-monumento
Não é demais insistir, meus senhores
Quando o deixam sozinho
O mundo mental
Mente
Monumentalmente.

(tradução de Manuela Torres)

IL NE FAUT PAS…

il ne faut pas laisser les intellectuels jouer avec les allumettes
Parce que Messieurs quand on le laisse seul
Le monde mental Messssieurs
N’est pas du tout brillant
Et sitôt qu’il est seul
Travaille arbitrairement
S’érigeant pour soi-même
Et soi-disant généreusement en l’honneur des travailleurs du
bâtiment
Un auto-monument
Répétons-le Messssssieurs
Quand on le laisse seul
Le monde mental
Ment
Monumentalement.

Jaques Prévert

(Paroles – 1949)

Cid Simões

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Cerrar fileiras contra o crime organizado.

Não há espaço para a neutralidade; ser neutro é ser conivente no crime.

Não nos encontramos face a um qualquer artesão na arte de furtar. Estamos a ser saqueados, reduzidos à indigência, por malfeitores com poderosas ligações internacionais. Cleptocratas de voracidade inexcedível.

Capazes dos mais repugnantes crimes, ignoram a Constituição e promulgam leis com as quais legalizam o saque de que somos vítimas.

São os fora-da-lei que atropelam a própria democracia de que se arvoram defensores.

Mas

QUANDO OS TRABALHADORES PERDEREM A PACIÊNCIA

As pessoas comerão três vezes ao dia
E passearão de mãos dadas ao entardecer
A vida será livre e não a concorrência
Quando os trabalhadores perderem a paciência

Certas pessoas perderão seus cargos e empregos
O trabalho deixará de ser um meio de vida
As pessoas poderão fazer coisas de maior pertinência
Quando os trabalhadores perderem a paciência

O mundo não terá fronteiras
Nem estados, nem militares para proteger estados
Nem estados para proteger militares prepotências
Quando os trabalhadores perderem a paciência

A pele será carícia e o corpo delícia
E os namorados farão amor não mercantil
Enquanto é a fome que vai virar indecência
Quando os trabalhadores perderem a paciência

Quando os trabalhadores perderem a paciência
Não terá governo nem direito sem justiça
Nem juízes, nem doutores em sapiência
Nem padres, nem excelências

Uma fruta será fruta, sem valor e sem troca
Sem que o humano se oculte na aparência
A necessidade e o desejo serão o termo de equivalência
Quando os trabalhadores perderem a paciência

Quando os trabalhadores perderem a paciência
Depois de dez anos sem uso, por pura obsolescência
A filósofa-faxineira passando pelo palácio dirá:
declaro vaga a presidência”!

Mauro Iasi é Professor da UFRJ

Cid Simões

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Dificuldade de governar

1
Todos os dias os ministros dizem ao povo
como é difícil governar. Sem os ministros
o trigo cresceria para baixo em vez de crescer para cima.
Nem um pedaço de carvão sairia das minas
se o chanceler não fosse tão inteligente.
Sem o ministro da Propaganda
mais nenhuma mulher podia ficar grávida.
Sem o ministro da Guerra nunca mais haveria guerra.
E atrever-se-ia a nascer o sol
sem autorização do Fuhrer?
Não é nada provável e, se o fosse,
nasceria por certo fora do lugar.

2
É também difícil, ao que nos é dito,
dirigir uma fábrica. Sem o patrão
as paredes cairiam
e as máquinas enchiam-se de ferrugem.
Se algures fizessem um arado
ele nunca chegaria ao campo sem
as palavras avisadas do industrial aos camponeses: quem,
senão ele, lhes poderia falar na existência de arados?
E que seria da propriedade rural sem o lavrador?
Não há dúvida nenhuma que se semearia centeio
onde já havia batatas.

3
Se governar fosse fácil
não havia necessidade de espíritos tão esclarecidos
como o do Fuhrer.
Se o operário soubesse usar a sua máquina
e se o camponês soubesse distinguir um campo
de uma forma para tortas,
não haveria necessidade de patrões
nem de proprietários.
É só porque toda a gente é tão estúpida
que há necessidade de alguns tão inteligentes.

4
Ou será que
governar só é assim tão difícil porque
a exploração e a mentira
são coisas que custam a aprender?

Bertolt Brecht

António Vilarigues

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Cravo Vermalho

 

Ser livre é querer ir e ter um rumo

e ir sem medo,

mesmo que sejam vãos os passos.

É pensar e logo

transformar o fumo

do pensamento em braços.

É não ter pão nem vinho,

só ver portas fechadas e pessoas hostis

e arrancar teimosamente do caminho

sonhos de sol

com fúrias de raiz.

É estar atado, amordaçado, em sangue, exausto

e, mesmo assim,

só de pensar gritar

gritar

e só de pensar ir

ir e chegar ao fim.

Armindo Rodrigues

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Homenagem a Miguel Hernández que foi preso em Portugal e entregue pela polícia portuguesa aos fascistas espanhóis.

António Vilarigues

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